Qué-son-los-celos-y-por-qué-los-sentimos-3

El universo infantil se estremece ante este anuncio.
La llegada del siguiente bebé, que ocupará con respecto a la madre el lugar que el niño pequeño tuvo hasta entonces, implica una modificación en la relación madre-hijo hasta entonces sostenida.
Este vínculo, que en el principio se caracteriza por un profundo apego y dependencia, deberá transformarse, a lo largo del desarrollo, en un vínculo que incluya también a terceros, es decir, deberá dejar de vivir en asociación exclusiva con su mamá. Con el nacimiento de un hermano, el niño se enfrenta con lo irreductible de este corte, la existencia de un rival lo lleva a disputarse el amor de sus padres, y a compartir los cuidados y posesiones materiales.
La destitución de ese lugar de reinado, dentro del seno familiar, confronta al niño con las fantasías de ser desalojado o sustituido de ese lugar de amor respecto de sus padres. Ningún niño escapará a esos temores ante la inminente aparición del bebé… Y tiene sus razones… El recién nacido no sólo captará tiempo completo la atención de su madre, sino que osará disponer de la teta a su antojo, teta que, ya perdida para el niño, constituye su gran añoranza.
Sentimientos ambivalentes y sensaciones contradictorias aparecerán durante este tiempo respecto al bebé de la casa, e incluso hacia los padres. El amor por la madre podrá transformarse en la más intensa ira, dando lugar a comportamientos poco habituales o modificando temporariamente la conducta del
niño, que competirá de las formas más variadas con quien considera un intruso, llegando a veces a retornar a estadios anteriores del desarrollo ya superados (pedir teta, hacerse pis, modificar su lenguaje).
Estas alteraciones son “esperables” y pasajeras, ya que es la manera que posee el pequeño para dar curso a sus emociones, que son tan intensas e importantes como las de los adultos y que no habrá que subestimar o ignorar sino acompañar.

¿Cómo?
Antes de la llegada del nuevo integrante, es aconsejable que los padres compartan o los niños la espera del bebé, dando las respuestas necesarias que expliquen y den sentido a este hecho, de por sí conflictivo para cada niño. Resultará más sencillo si se permiten un espacio para hablar sobre ello.
Es probable que el nacimiento del bebé, el abultamiento del vientre materno y los preparativos, disparen o hagan retornar en los más pequeños preguntas respecto al nacimiento de los niños y otras intrigas referentes a este hecho, los padres deberán permitir que estas preguntas circulen intentando responderlas de forma comprensible y acorde a la edad de cada niño.
Así como será positivo compartir con los niños la dulce espera, también será adecuado, una vez nacido el bebé, que los hermanos puedan colaborar con los padres en algunos cuidados o juegos, favoreciendo el vínculo entre ellos y permitiendo que el niño se sienta orgulloso de proteger y cuidar del pequeñín.
Para que el niño esté dispuesto a resignar este lugar hasta entonces privilegiado, deberá haber para él otro lugar a ser tomado; en esto es importante la intervención de los padres u otros adultos de la familia que habiliten nuevos lugares para el niño, resaltando sus logros y diciendo de sus habilidades que lo diferencian de su hermanito, incapaz de autoabastecerse. De esta manera, se propicia al niño a seguir avanzando en las vías de su desarrollo, soportando la pérdida de la exclusividad materna no como pura pérdida, sino para dirigirse a una mayor integración con el resto del grupo familiar, que se extenderá luego hacia el grupo de pares.
Estar cerca de los niños en este pasaje será de suma importancia para hacer de ésta una etapa de crecimiento, y como tal, un tiempo de pérdidas necesarias para posteriores ganancias.